Un gran porcentaje de las llamadas que recibimos en la clínica tienen como motivo el descarte de una posible Enfermedad de Alzheimer (EA). Si bien, como ya indicamos en otras publicaciones, su detección precoz es fundamental, es importante distinguirlas de otras enfermedades neurodegenerativas (END). 

DEFINICIÓN

El primer punto que debemos de comprender es que la EA es una enfermedad del cerebro, como la enfermedad coronaria es un tipo de enfermedad cardiaca, que está provocada por daños de las neuronas (células del cerebro). Es importante señalar que la EA es irreversible y progresiva, observándose con el tiempo un mayor daño de las neuronas y zonas cerebrales afectadas, lo que deriva en dificultades para la realización de actividades de su día a día (2024 Alzheimer’s disease facts and figures, 2024). 

La progresión de la EA está muy sujeta a diferentes variables. Por ejemplo, podríamos hablar de aquellas asociadas a una trayectoria de vida y aquellas otras vinculadas a las conductas y hábitos de vida en el momento de su detección. 

  • Variables de trayectoria de vida: nivel educativo, hábitos alimenticios, alteraciones emocionales o psiquiátricas, estilo de vida, socialización, etc. 
  • Hábitos y conductas actuales: aislamiento y soledad, lectura, aprendizaje de nuevas habilidades o intereses, deporte, etc. 

En paralelo a la clasificación anterior, diferentes revisiones señalan la importancia de categorizar los factores de riesgo en aquellos que son modificables o no (para más información consultar Livingston y cols., 2024):

  • Factores de riesgo no modificables: edad, genética e historia familiar. 
  • Factores de riesgo modificables: factores de salud cardiovascular, educación, participación social y cognitiva, traumatismos craneoencefálicos (TCE), sueño, contaminación atmosférica, determinadas experiencias en la edad adulta (como hospitalizaciones) y determinados consumos de sustancia. 

NEUROPSICOLOGÍA

En la actualidad hay diferentes enfoques dirigidos a evaluar a una persona con sospecha de demencia. 

  1. Están aquellos que administran una serie de tareas rápidas (minimental, MOCA, etc.) dirigidas a cribar la presencia o no de un rendimiento bajo en alguno de las variables a estudiar.  El principal problema que tienen estas herramientas es que muchas personas con una sintomatología sutil y leve tienen un rendimiento dentro de las puntuaciones consideradas normales.

  2. Administración de pruebas desde un punto de vista únicamente cuantitativo. ¿Qué quiere decir esto? Pues que administramos baterías extensas y si la persona obtiene un rendimiento por debajo de la puntuación considerada como “normal” entonces tiene un problema, pero si la puntuación está dentro de los rangos de normalidad no tiene nada. 

    Pese a que el primer enfoque es, sin lugar a duda, ineficaz, ambos presentan problemas enormes. Como hemos venido señalando a lo largo de otras publicaciones, es sumamente importante la detección precoz, para ello, el tener presente el rendimiento es interesante; pero es necesario evaluar el comportamiento de la persona durante la realización de las tareas y, sobre todo, tener presente las compensaciones que la persona realiza ya que una actividad puede ser confrontada desde puntos de vista muy diferentes. 

  3. Anamnesis, historia clínica y análisis cualitativo/cuantitativo. El primer punto es una rigurosa recogida de datos, teniendo en cuenta factores de riesgos y protectores, analizando la experiencia de vida y conductas actuales. Posteriormente, es importante ir delimitando a través de preguntas posibles dificultades, siempre comparándolo con el pasado, y ver sobre todo posibles variables emocionales. Tras ello, estaremos en disposición de hacernos una hipótesis, dónde administraremos una serie de tareas dirigidas exclusivamente a corroborar o no dicha hipótesis.  

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

Uno de los objetivos de una evaluación es delimitar las dificultades actuales para poder facilitar un correcto diagnóstico. La evaluación neuropsicológica aporta una información valiosa, que juntamente con otras pruebas médicas realizadas por su neurólogo, marcarán el diagnóstico de la persona.  

Tradicionalmente se ha vinculado los problemas de memoria a la demencia tipo Alzheimer; sin embargo, y volvemos a lo mismo que venimos comentando, es muy importante realizar un correcto análisis, ya que no todos los problemas de memoria están provocados por una alteración para memorizar, sino que a veces pueden darse otro tipo de factores que dificultan que la información pueda ser almacenada. Esto ocurre con bastante frecuencia, ya que si, por ejemplo, se da el caso de una persona que tiene ideas recurrentes sobre algún tema obsesivo (por ejemplo, dinero) y su foco atencional está puesto sobre dicha idea cuando otras personas le están hablando, la información no entrará, pero no por problemas primarios a nivel de memoria, ni siquiera atencionales, sino porque la persona no es capaz de desengancharse de esas ideas previas. 

Esto nos lleva al planteamiento de que no toda dificultad en la memoria viene por problemas de memoria. 

SINTOMATOLOGÍA PRINCIPAL

La sintomatología en la demencia tipo Alzheimer se ha dividido arbitrariamente en tres fases: leve, moderado y grave. Es importante hacer hincapié en la existencia de formas atípicas (que escribiremos en otro momento) dónde el inicio puede ser diferente (Rountree y Rachelle, 2016). 

  • Leve: alteraciones de la memoria episódica, déficits atencionales y de la velocidad de procesamiento, observándose problemas en el razonamiento abstracto. Las alteraciones a nivel visuoespacial y del lenguaje comienzan a aparecer, existiendo para esta última y desde las etapas iniciales dificultades para encontrar la palabra (anomia). Es importante señalar que pueden existir ciertos problemas para comprender el lenguaje hablado, pero probablemente secundario a otras funciones cognitiva como los procesos abstractos, memoria de trabajo o inhibitorios. 

Pese a que los problemas de conducta pueden no ser notorios y limitantes, normalmente se observan cambios de personalidad en los individuos afectados que pueden incluir irritabilidad, ansiedad o depresión cuando aparecen por primera vez problemas de memoria episódica y alteraciones funcionales leves. En este punto es interesante señalar que la manifestación de la sintomatología cognitiva/emocional con implicación en la conducta puede diferir entre personas jóvenes y más mayores. 

  • Moderado: en este punto nos podemos encontrar con una amplia sintomatología cognitiva y emocional. El principal punto aquí es que la persona sufre ya una pérdida funcional sumamente grave que los suele llevar a perder la independencia y la capacidad para poder vivir solas con seguridad.Podemos encontrar en este punto la presencia de agitación, disforia, ansiedad, apatía y conductas motoras aberrantes, que aumentaran conforme la EA avance. 

La apatía es el síntoma conductual más frecuente. Presentando la persona delirios de naturaleza paranoide o persecutoria. Los delirios de infidelidad conyugal son especialmente angustiosos para el cuidador.

De hecho, en esta fase pueden observarse la presencia de dos síndromes:

  1. Síndrome de Capgras: delirio de identificación errónea en el que el paciente cree que un impostor de apariencia idéntica ha sustituido a una persona que le resulta familiar. 
  2. Huésped fantasma: falsa identificación delirante común en la que el paciente cree que otra persona está en su casa.
  • Grave: con la enfermedad ya en un estadio avanzado se observan signos motores como la aparición del parkinsonismo. Estos pacientes pueden tener síntomas cardinales de la enfermedad de Parkinson, incluyendo bradicinesia, rigidez de rueda dentada y equilibrio anormal, pero normalmente no tienen temblor en reposo. 

La aparición de nuevos síntomas motores termina con una probable pérdida de la capacidad de mantenerse erguidos o de caminar sin ayuda y, finalmente, pueden quedar postrados en cama. La disfagia que conduce a la neumonía por aspiración es la causa más común de muerte en pacientes con EA.

Es importante señalar que en el caso de que los signos motores o vinculados al movimiento voluntario (apraxia) aparezcan en los estadios iniciales podría tratarse de otra afección neurodegenerativa (degeneración corticobasal, parálisis supranuclear progresiva, demencia de la enfermedad de Parkinson, enfermedad de los cuerpos de Lewy o la atrofia multisistémica). 

TRATAMIENTO

El tratamiento de una persona con EA depende de múltiples variables. No es lo mismo iniciar un tratamiento en una fase inicial que en una fase avanzada. Lo ideal es analizar todas las opciones, y no únicamente centrarse en la persona, ya que la familia tendrá un papel activo. De igual forma, en la actualidad existen múltiples enfoques, existiendo la necesidad de un abordaje transdisciplinar que involucre diferentes profesionales teniendo presente la sintomatología actual y la que, por desgracia, vendrá. 

BIBLIOGRAFÍA

Livingston, G., Huntley, J., Liu, K. Y., Costafreda, S. G., Selbæk, G., Alladi, S., Ames, D., Banerjee, S., Burns, A., Brayne, C., Fox, N. C., Ferri, C. P., Gitlin, L. N., Howard, R., Kales, H. C., Kivimäki, M., Larson, E. B., Nakasujja, N., Rockwood, K., Samus, Q., … Mukadam, N. (2024). Dementia prevention, intervention, and care: 2024 report of the Lancet standing Commission. Lancet (London, England)404(10452), 572–628. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(24)01296-0

2024 Alzheimer’s disease facts and figures. (2024). Alzheimer’s & dementia : the journal of the Alzheimer’s Association20(5), 3708–3821. https://doi.org/10.1002/alz.13809

Rountree, S, y Rachelle, S.D. (2016). Presentation and management of Alzheimer’s disease. En Masud, H., & Jonathan M. S. (eds), Oxford Textbook of Cognitive Neurology and Dementia, Oxford Textbooks in Clinical Neurology (p. 361–380). https://doi.org/10.1093/med/9780199655946.003.0033