Durante este año hemos ido observando cómo muchas personas nos han consultado por problemas conductuales en diferentes trastornos del neurodesarrollo (TND). Conforme íbamos haciendo la correspondiente anamnesis e historia clínica, observábamos cómo los padres referían en sus hijos dificultades para manejar sus emociones en uno o varios contextos (desregulación emocional). Por ejemplo, niños con problemas para manejar su conducta en la clase, otros cuya conducta era impecable en ella, pero que, al llegar a casa, comenzaban a tener diferentes tipos de problemas para manejar sus emociones. 

 

Una aproximación general a la desregulación emocional

Thompson (2019) define la desregulación emocional (DE) como una expresión emocional que interfiere con una actividad dirigida a un objetivo y señala la importancia de su estudio para poder entender y tratar los trastornos clínicos. De una forma más precisa podríamos decir que es un déficit en la capacidad para controlar y modular la valencia, la intensidad y la expresión de las emociones, manifestándose típicamente con inestabilidad del estado de ánimo, irritabilidad, rabietas y autolesiones en los niños pequeños (y no tan pequeños).

Dentro de los diferentes tipos de expresiones emocionales asociadas a diferentes trastornos, Cole y cols. (2017) identificaron cuatro tipos de emociones desreguladas:

  • Las emociones perduran y los intentos de regulación son ineficaces (p.ej., trastornos de ansiedad y depresión). 
  • Las emociones interfieren con el comportamiento adecuado (p.ej., trastornos del comportamiento perturbador).  
  • Las emociones que se expresan o experimentan son inapropiadas para el contexto (p.ej., rasgos de insensibilidad emocional y trastorno de estrés postraumático)
  • Las emociones cambian demasiado brusca o lentamente (p.ej., trastorno bipolar).  

Pese a que cada una de estas cuatro categorías puede asociarse a un trastorno psicopatológico; en nuestra experiencia clínica hemos encontrado cómo los TND presentan una mezcla de los tipos anteriores observándose una interrelación entre la predisposición de la persona y la respuesta del ambiente (que luego veremos). 

De igual manera, mencionamos la necesidad de ser cuidadosos y prudentes. Muchos niños (y adultos) presentan patrones conductuales alejados de conductas problemáticas para el ambiente (clásicamente se ha llamado a esta perspectiva “externalizantes”) presentando un patrón silencioso hacia uno mismo (“internalizante”) que hace más difícil su reconocimiento e identificación debido a la falta de molestia sobre otras personas. 

 

Profundizando en la desregulación emocional

La causa de la DE normalmente es compleja de averiguar, siendo en la mayoría de los casos una interrelación entre vulnerabilidad biológica y respuestas del entorno. Hay determinadas personas que pueden tener una mayor sensibilidad a estímulos emocionales, alta reactividad emocional y una mayor dificultad para regresar a la línea base inicial (que también puede presentar un menor umbral inicial). Esto y sumado a un entorno que responde de forma inadecuada a las experiencias y conductas de la persona conllevan a una mayor probabilidad de aparición de desregulación emocional (DE) (Linehan, 2015, extraído en Herrera, 2024). 

Asimismo, y de una forma en la que podamos coger la desregulación emocional para poder trabajar con ella en ambientes clínicos, Hervás (2011) señala que hay 3 vías por las que la DE sale a la palestra:

  1. Ausencia de activación: la persona no ejecuta ninguna estrategia asociada al estado emocional intenso experimentado. 
  2. Falta de eficacia por el uso de estrategias disfuncionales de regulación emocional: la persona realiza determinadas conductas con el objetivo de buscar regularse siendo estas a medio y largo plazo ineficaces.  
  3. Uso de estrategias desadaptativas: en este punto se incluyen conductas que no son adaptativas y conllevan a que la persona implemente estrategias contraproducentes (evitación, rechazo o supresión emocional) que derivan en una intensificación emocional.  

Hervás (2011) propone un modelo interesante (hay muchos más) que plantea 6 etapas que permiten un procesamiento emocional óptimo de la experiencia. 

 

desregulación emocional

 

  1. Apertura emocional: capacidad de la persona para tener acceso consciente a sus emociones, siendo el polo deficitario la alexitimia. 
  2. Atención emocional: tendencia a dedicar recursos atencionales a la información emocional, siendo el polo deficitario la desatención emocional. 
  3. Etiquetado emocional: capacidad de la persona para nombrar con claridad sus emociones, siendo el polo deficitario la confusión emocional. 
  4. Aceptación: ausencia de juicio negativo ante la propia experiencia emocional, siendo el polo deficitario el rechazo emocional.
  5. Análisis emocional: capacidad de la persona para reflexionar y entender el significado y las implicaciones de sus emociones siendo el polo opuesto la evitación emocional. 
  6. Regulación emocional: capacidad de la persona para modular sus respuestas emocionales a través de diferentes estrategias ya sean éstas emocionales, cognitivas o conductuales, siendo el polo opuesto la alteración de la regulación emocional. 

Cuando alguna de las etapas se ve comprometida la probabilidad de que aparezcan conductas de DE aumentan. Esto nos lleva a que, durante la evaluación y el posterior tratamiento, tanto con la familia como con el niño, se vayan proponiendo diferentes estrategias funcionales encaminadas a solventar los déficits en cada una de estas etapas.

 

Desregulación emocional en los TND 

La desregulación emocional puede estar presente en niños sin ningún tipo de patología asociada y darse como respuesta a determinados factores ambientales. Sin embargo, la DE representa un riesgo para la salud y está asociado a una mayor probabilidad de diversas formas de trastornos (Moehler y cols., 2022). Dentro de los TND los dos que más frecuentemente están vinculados son los trastornos del espectro del autismo (y sus primos hermanos como los trastornos de la comunicación social o trastornos genéticos que cursan con un síndrome del espectro del autismo) y los trastornos o síndromes por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) de los que hablaremos en profundidad en otras publicaciones.  

 

TDAH 

La literatura destaca la asociación existente entre TDAH y DE observándose cómo dominios neurocognitivos como la inhibición, memoria de trabajo o funciones ejecutivas son fundamentales para entender el papel de la DE en este trastorno (Soler-Gutiérrez y cols., 2023). De igual forma, destacan cómo determinadas estructuras neuroanatómicas podrían verse mermadas. 

Bajo este prisma se hace necesario una correcta evaluación neuropsicológica, dónde se determine qué funciones cognitivas podrían estar deficitarias o alteradas, y de manera paralela, cuál es la respuesta del ambiente a estos déficits. Esta combinación que hemos comentado antes (predisposición biológica y ambiente) resulta fundamental puesto que proponer una intervención exclusivamente en la persona objeto de intervención podría ser insuficiente. De igual forma, y sumado al funcionamiento cognitivo y al ambiente (familiar, escolar y amigos, por poner algunos ejemplos) se hace necesario tener presente determinadas variables pronósticos que tienen un peso fundamental como son la personalidad, edad, conciencia de las dificultades, trastornos comórbidos, etc. 

La suma de todo lo anterior hace que la intervención sea compleja, dinámica y multifactorial, entendiéndose esta última como la implicación de múltiples variables para una correcta evolución. 

 

TEA (y otros trastornos vinculados a alteraciones de la cognición social)

El trastorno del espectro del autismo presenta una clara asociación con la DE. De hecho, en muchas ocasiones, se hace mención en la literatura que la presentación comórbida (aunque no nos guste del todo este término) con el TDAH hace que aumente la probabilidad de aparición de DE. De igual manera, tal y como hablamos en una publicación anterior, la presencia de rigidez o inflexibilidad cognitiva, junto con otros déficits asociados, un procesamiento sensorial alterado y patrones conductuales basados en intereses restringidos, suponen un cóctel que puede resultar en un desajuste a nivel de regulación emocional y conductual. 

El patrón cognitivo resulta fundamental, pues (y aunque no queramos extendernos en este artículo), una alteración en la cognición social y a nivel pragmático hace que la persona tenga una interpretación diferente de una situación, lo cual, y sumado a la enorme carga de estímulos sensoriales en la que hoy en día vivimos, deriva en que los niños con estas dificultades vivan con una gran ansiedad, aumentando la probabilidad de aparición de conductas desadaptativas. 

De nuevo, la exploración neuropsicológica y del ambiente resulta fundamental para un correcto abordaje. En este punto sí que es importante destacar algo que nos venimos encontrando frecuentemente, y es que para que la persona cambie, se hace necesario que el entorno cambie, puesto que pretender que sea el niño que tiene TEA el único objetivo de la intervención es insuficiente. 

Conclusiones y compromiso Neuroex

La DE observada en muchas personas resulta difícil de tratar cuando hablamos de TND. Uno de los principales problemas es pensar que es el niño (o adulto) con dificultades quien tiene que realizar únicamente los cambios cognitivos, emocionales y conductuales para adaptarse mejor al medio. Sin embargo, y partiendo de la premisa de que las alteraciones están ahí, no pudiéndolas eliminar y condicionando a la persona en su manera de interrelacionar con el medio, se hace necesario que los contextos cercanos (familia y colegio) y lejanos (sociedad) implemente modificaciones para facilitar sus comportamientos. 

Desde Neuroex queremos transmitir que cada día estudiamos la mejor manera de intervenir sobre estas dificultades. Somos plenamente conscientes de que todo cambio surge de una reflexión crítica sobre el punto de partida, por ello, queremos ayudar a analizar e identificar las posibles variables que están generando estas conductas de desregulación emocional (DE) y, desde el respeto a las dinámicas familiares existentes, proponer las mejores opciones posibles.

 

 

Bibliografía. 

Cole, P. M., Hall, S. E., & Hajal, N. J. (2017). Emotion dysregulation as a vulnerability to psychopathology. Child and Adolescent Psychopathology, Third Edition, 346-386.

Herrera Rueda, E. J. (2024). Relación entre estrés parental, desregulación emocional e inflexibilidad psicológica en padres de niños diagnosticados con trastornos del neurodesarrollo en Colombia.

Hervás, G. (2011). Psicopatología de la regulación emocional: El papel de los déficits emocionales en los trastornos clínicos [Psychopathology of emotional regulation: The role of emotional deficits in clinical disorders]. Behavioral Psychology, 19(2), 347–372.

Moehler, E., Brunner, R., & Sharp, C. (2022). Editorial: Emotional Dysregulation in Children and Adolescents. Frontiers in psychiatry13, 883753. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2022.883753

Soler-Gutiérrez, A. M., Pérez-González, J. C., & Mayas, J. (2023). Evidence of emotion dysregulation as a core symptom of adult ADHD: A systematic review. PloS one, 18(1), e0280131. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0280131

Thompson R. A. (2019). Emotion dysregulation: A theme in search of definition. Development and psychopathology31(3), 805–815. https://doi.org/10.1017/S0954579419000282

Autor: Julio Gónzalez Gil